No trabajo desde un solo modelo, porque las personas no somos de un solo tipo. Lo que traes a consulta —una ansiedad que no cede, un patrón que se repite, un duelo que no encuentra salida— rara vez cabe entero en una sola técnica. Por eso integro varias aproximaciones, y dejo que sea el ritmo de tu experiencia, y no un método fijo, el que decida por dónde entrar.
Lo que sigue es un sobrevuelo de las que más uso. De cada una puedes tirar del hilo: al final de su sección encontrarás el artículo completo, donde cuento su historia, cómo funciona y cómo la vivo en sesión.
Experiencia Somática (ES)
Peter Levine la desarrolló observando algo simple y desconcertante: los animales en libertad viven expuestos a la muerte y, sin embargo, no acumulan trauma. Un impala que escapa de un guepardo se sacude, tiembla, y descarga la energía que movilizó para sobrevivir. Nosotros solemos interrumpir esa descarga — y esa energía se queda esperando en el sistema nervioso.
La Experiencia Somática trabaja con el sistema nervioso para completar, poco a poco y sin abrumar, ese ciclo que quedó a medias. No revivimos el trauma: tocamos sus bordes con titulación y pendulación, hasta que el sistema encuentra dónde soltar lo que llevaba cargando. No estás roto — estás interrumpido.
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Sistemas Familiares Internos (IFS)
Richard Schwartz notó que por dentro funcionamos como una familia de partes: una que exige y controla, otra que huye o se distrae, otra que carga la herida más antigua. Los Sistemas Familiares Internos trabajan con esas voces sin silenciar a ninguna, reconociendo que cada una —incluso la más incómoda— intentó protegerte en algún momento.
Debajo de todas esas partes hay un Self que puede observar con calma y sin juicio. El trabajo no instala nada nuevo: le devuelve a ese núcleo su lugar de liderazgo. Aquí la transformación no ocurre por eliminación, sino por integración.
Tapping (EFT)
La Técnica de Libertad Emocional combina la estimulación de puntos de acupuntura con el trabajo sobre el recuerdo que genera malestar. Suena raro dicho en voz alta —tocar puntos en la cara y el pecho mientras nombras lo que sientes—, y sin embargo lo que ocurre en el sistema nervioso es preciso y, con frecuencia, sorprendentemente rápido.
Al tocar esos puntos mientras se activa el recuerdo, se le envía al sistema nervioso una señal de seguridad: "estás aquí, estás bien, no hay peligro ahora". Con repetición, el recuerdo pierde su carga. No desaparece — pero deja de secuestrarte. Y es una herramienta que puedes aprender a usar por tu cuenta entre sesiones.
Core Energética
Heredera de Reich, Lowen y John Pierrakos, la Core Energética entiende que las defensas no son solo mentales: se instalan en el músculo, la postura y la respiración. Trabaja con el movimiento, la voz y el arraigo para acceder a capas profundas del carácter, con una mirada evolutiva y transpersonal.
Soy parte del cuerpo docente del Instituto Córpore. Esta aproximación me enseñó que sensación, emoción, pensamiento, intención y acción son facetas de una misma experiencia — y que sanar no es reparar algo roto, sino volver a habitarte.
El hilo que las une
Si algo comparten estas cuatro aproximaciones, es una misma convicción: el cuerpo es casi siempre la puerta de entrada más honesta. Por eso, más que técnicas sueltas, forman parte de un mismo campo —el de la terapia corporal— y se orientan con un mismo marco clínico: la Teoría Polivagal de Stephen Porges, que me ayuda a entender por qué el cuerpo responde como responde y a crear las condiciones de seguridad para que el trabajo sea posible.
Estas cuatro aproximaciones son el fundamento somático de mi trabajo individual. Cuando acompaño a parejas y a familias, el marco es distinto y complementario: sistémico —atento a las relaciones más que a la persona sola—, en el que me titulé como maestro en el Instituto Crisol, donde hoy curso la especialización en terapia de pareja.
La aproximación al motivo de consulta y los objetivos terapéuticos: la propongo según cómo llegas —qué tan disponible está tu consciencia corporal, y tu forma de mirar el problema y de navegar el mundo— y el proceso se recalibra sobre la marcha, siempre siguiendo el ritmo de tu experiencia. No la elige el azar ni es un menú fijo. Si quieres ver cómo se traduce todo esto en la práctica, puedes leer ¿qué esperar de la terapia? o cómo es la primera cita.
