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Lámina anatómica de estilo antiguo del sistema nervioso simpático y parasimpático, con énfasis en el nervio vago y sus conexiones con corazón, pulmones e intestinos

Sistema nervioso

Teoría Polivagal: el sistema nervioso como brújula

La Teoría Polivagal de Stephen Porges explica los tres circuitos del sistema nervioso autónomo y cómo la seguridad regula tus reacciones.

Por · Somatic Experiencing Practitioner (SE)

Hay momentos en que reaccionamos de una forma que luego no entendemos. Te "congelas" en medio de una discusión y no puedes pensar. Tu cuerpo colapsa ante un recuerdo aunque racionalmente sabes que ya pasó. Te desconectas en situaciones que deberían sentirse seguras. No es que estés exagerando, ni que seas demasiado sensible: tu sistema nervioso está haciendo exactamente lo que aprendió a hacer para mantenerte vivo. La Teoría Polivagal, desarrollada por el neurocientífico Stephen Porges, ofrece un mapa para entender esto — y ese mapa cambia la forma en que uno se ve a sí mismo.

Tres circuitos, tres maneras de relacionarnos con lo que nos rodea

Porges describió tres circuitos evolutivos en el sistema nervioso autónomo, cada uno con una función distinta y con una historia evolutiva propia.

El más antiguo es el circuito vagal dorsal: fue el primero en aparecer en la historia evolutiva —lo compartimos con los vertebrados más simples— y a nivel neuronal se distingue por la ausencia de mielina. Cuando este circuito tiene un tono predominante, genera un estado de inmovilización, de desconexión. Cuando la amenaza es tan abrumadora que el sistema nervioso concluye que no hay salida, el organismo se apaga. En la vida cotidiana puede verse como disociación, entumecimiento emocional, agotamiento profundo, o esa sensación de "estar ido".

El segundo es el sistema simpático: el circuito que permite, promueve y canaliza la energía hacia la movilización. Lucha o huida. Es el acelerador — el estado de alerta, la adrenalina, la urgencia. Muy útil cuando hay un peligro real; problemático cuando se dispara en situaciones que no requieren pelear ni huir. Crónicamente, es quien mantiene la hipervigilancia.

Y el más reciente es el circuito ventral vagal, el que apareció con los mamíferos. Cuando este circuito tiene un tono predominante, nos sentimos presentes y conectados, podemos aprender, asimilar, digerir, crear, vincularnos, reflexionar. Es el estado en que la voz se regula, la mirada se suaviza, el cuerpo respira. El estado en que la vida, en el sentido pleno, es posible.

La clave de la teoría es esta: no elegimos conscientemente en qué estado estamos. El sistema nervioso evalúa constantemente la información que recibe del entorno y del propio cuerpo —a través de los sentidos y de una red nerviosa compleja y rica—: las señales de la voz, el tono, el movimiento, el espacio. Y activa el circuito que considera apropiado. Porges llama a este proceso neurocepción: una percepción que ocurre por debajo del umbral consciente, antes de que tengamos tiempo para que emerja un pensamiento.

Por qué la relación terapéutica no es solo el "contenedor" — es también la intervención

Esto tiene implicaciones enormes para entender cómo funciona la terapia corporal — porque no existe una "terapia polivagal" como tal, sino intervenciones terapéuticas que se apoyan en la Teoría Polivagal. No es suficiente con hablar de lo que pasó si el sistema nervioso sigue experimentando señales de amenaza en el momento presente.

Los estados de activación tienen jerarquías y lógicas propias de funcionamiento. Las activaciones del simpático y del dorsal son más "ruidosas" y se vuelven más protagónicas que el estado ventral: el sistema siempre intentará eliminar o huir de cualquier amenaza antes que permitirse entrar en conexión y descanso. Por eso el aprendizaje y la digestión de la experiencia quedan supeditados a que los circuitos de lucha o huida y de congelamiento o disociación estén poco activados. La reflexión genuina, el cambio de perspectiva, la reconexión con uno mismo — todo eso requiere primero un grado de seguridad en el sistema nervioso.

Por eso la relación terapéutica no es solo un marco donde ocurre el trabajo. Es, en sí misma, la primera intervención. Deb Dana, psicoterapeuta clínica cercana a Porges, ha aterrizado su teoría en intervenciones concretas de manera extraordinariamente accesible, y lo dice con claridad: la co-regulación es la base de toda regulación. Cuando el sistema nervioso de una persona percibe seguridad en la presencia del otro — en el ritmo de la voz, en la calidad de la escucha, en la consistencia del encuadre — se hace posible contactar con experiencias, memorias y posibilidades que de cualquier otra manera permanecen inaccesibles.

En mi consulta, todo está condicionado a estos preceptos: desde el cuidado de la predictibilidad —que sepas qué va a suceder, con base en nuestros acuerdos y en el consentimiento informado— pasando por la iluminación y los elementos que componen el espacio físico de mi oficina, hasta el ritmo y la velocidad de nuestro trabajo, que vamos construyendo juntos, en la co-regulación.

Un mapa que conecta con muchos caminos

La Teoría Polivagal no es solo un marco conceptual: es un mapa práctico que ilumina lo que ocurre en muchas otras aproximaciones terapéuticas:

La Experiencia Somática de Peter Levine trabaja con ciclos de activación que quedaron incompletos — el organismo que no pudo terminar de defenderse, de huir, de procesar. Desde la Polivagal podemos describir lo que ocurre: el sistema nervioso se quedó atrapado entre el simpático y el dorsal, sin llegar a la resolución. Y, sin embargo, cuidamos no ofrecer explicaciones lineales —esto te pasa por esto—, porque la transformación y el crecimiento no siempre siguen recetas de causa y efecto. Levine y Porges conversan con fluidez.

Los Sistemas Familiares Internos (IFS) describen "partes" que se activan en diferentes circunstancias. Muchas de esas partes son, en términos polivagales, respuestas automáticas de protección — partes que aprendieron a funcionar desde el simpático o desde la desconexión dorsal, y que no saben todavía que el peligro pasó.

Bessel van der Kolk, cuya investigación sobre el trauma ha reconfigurado la comprensión clínica de las últimas décadas, llega a conclusiones similares: el cuerpo lleva la cuenta —como titula su libro más conocido—, y el tratamiento tiene que incluir al cuerpo. Pat Ogden, desde la Sensorimotor Psychotherapy, trabaja directamente con los impulsos corporales que quedaron interrumpidos — otra forma de hablar del mismo proceso de regulación.

La terapia corporal como campo amplio comparte —idealmente— con la Polivagal la misma premisa de fondo: el sistema nervioso vive en el cuerpo, y es desde el cuerpo, más que desde el análisis, donde el cambio real se instala. Digo "idealmente" porque, aunque venimos de Reich, autores como Lowen y Pierrakos no miraban tanto los procesos fisiológicos subconscientes ni los involuntarios; hoy, desde la terapia informada por el trauma, la propia comunidad de Core se ha comenzado a cuestionar cómo integrarlo, reconociendo que nuestras técnicas pueden incluso rebasar los umbrales de tolerancia del sistema nervioso. Es una discusión sobre la retraumatización de la que hablaré en otro texto.

La compasión como consecuencia natural

Hay algo que me parece profundamente liberador en esta teoría, y que trato de transmitir en consulta cuando es útil: no eres irracional cuando tu cuerpo reacciona de formas desproporcionadas o fuera de contexto. No estás roto. Quizás, tu sistema nervioso se habituó a algo, en algún momento, que tenía sentido para las circunstancias retadoras que estabas viviendo entonces —o para la temporada en que se fijó ese hábito. Y lo sigue aplicando porque nadie le ha mostrado todavía que las condiciones cambiaron.

Aproximarse a la mirada del sistema nervioso desde la Teoría Polivagal es un proceso de sintonización y familiarización con cada uno de los estados. Deb Dana, en su libro Anclados, propone pensar cada estado como un clima: quizás, para alguien, mucha desconexión se sienta como un paisaje desértico y nublado, sin estrellas, de noche; para otra persona, la predominancia ventral puede sentirse como una brisa suave y cálida; y la activación simpática, como la llegada de un huracán. Reconocer el propio sistema nervioso no es un ejercicio intelectual: no se trata de saber la teoría, sino de aprender a reconocer en qué estado estás y de desarrollar una relación más amable y curiosa con tus propias respuestas. Ese es el inicio de la compasión hacia uno mismo: no como un ideal abstracto, sino como una práctica concreta que comienza en el cuerpo.

Un regalo de sumergirse en estos paisajes, de familiarizarnos con los estados del sistema nervioso y de abrirnos a experimentar la transición entre ellos, es que empezamos a descubrir caminos para salir del congelamiento, de la pelea y la huida, y volver a la presencia, a la conexión — a lo que me gusta llamar volver a casa. Cuando recorremos varios caminos de ida y vuelta, vamos pudiendo estar y resolver de maneras distintas a las conocidas. No de golpe, sino de forma paulatina, genuina y verificable: porque en el camino va emergiendo nuestra resiliencia.

Si quieres entender mejor cómo integro esta perspectiva en el trabajo terapéutico, puedes leer sobre ¿cómo es la primera cita? o sobre ¿qué esperar de la terapia?

Referencias

  • Dana, D. (2019). La teoría polivagal en terapia: Cómo unirse al ritmo de la regulación. Editorial Eleftheria.
  • Dana, D. (2023). Anclados: Cómo entablar amistad con tu sistema nervioso con la teoría polivagal. Editorial Eleftheria.
  • van der Kolk, B. (2020). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Editorial Eleftheria.
'Trauma' y Experiencia Somática (ES)

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