Decidí tomar este taller y llegué a Querétaro sin muchas expectativas más que mi experiencia previa de una actualización sobre Toque en Experiencia Somática que nos brindó Barbara Collier el invierno pasado. Traía, eso sí, un deseo: conocer y explorar una manera distinta de trabajar con el trauma de desarrollo y de vincularme con la naturaleza.
Lo que encontré en Las Pawlonias, en julio de 2026, fue un taller que empieza por la experiencia — la información racional fue llegando poco a poco, cuando el cuerpo ya había entendido algo primero. Así trabajan Barbara Collier y Jeanie Shepherd su propuesta: EASE, Equine Assisted Somatic Experiencing — Experiencias Somáticas asistidas por equinos.
Dos de los caballos que viven en uno de los corrales de Las Pawlonias.
Un taller donde nadie dice "equinoterapia"
Hay un detalle que me parece revelador: en todo el taller, la palabra "equinoterapia" no se usa ni una sola vez. Y esa ausencia abre una mirada fresca — no vienes a que te den terapia, a recibir algo, a que te curen. Vienes a un encuentro con la naturaleza y a una exploración del trabajo relacional a través del vínculo con los caballos: a convivir con ellos de cerca, en el corral donde viven y duermen, y explorar los movimientos internos que te suceden mientras estás ahí interactuando con ellos.
Barbara Collier, practicante de Experiencia Somática (SEP), consejera profesional y enfermera de formación, se ha formado extensamente con Peter Levine y con Kathy Kain, y cofundó Equinimity, una organización sin fines de lucro en Tucson, Arizona, que integra prácticas somáticas informadas por el trauma, movimiento y expresión creativa con el trabajo asistido por caballos. Junto con Jeanie Shepherd trajo a México este taller orientado al trauma complejo y de desarrollo, gracias al apoyo de Experiencia Somática México y la excelente organización de los maestros y facilitadores Viviana Valdés y Andrés Hijuelos.
No quiero relatar qué es lo que hacen —para eso está el video al final de este texto— y quiero relatar qué me dio el proceso. Lo pondría en etapas: la aproximación, la creación de un vínculo, la ampliación de la capacidad de ese vínculo y, finalmente, la experimentación de la confianza — comprobar que el vínculo existe y está formado.
Familias de conceptos para el cuerpo
El currículum del taller se sostiene en pequeñas familias de conceptos que se van encarnando en los ejercicios. La primera tiene que ver con la aproximación y la comprensión de la intensidad del contacto físico con los caballos: pelaje, piel, músculo y hueso — cuatro profundidades posibles de un mismo toque. Otra es la tríada mente, corazón y manos, que se refleja en la de pensamiento, sentimiento y voluntad. Otra más reúne presencia, conexión y liderazgo — con la conciencia del entorno como sostén. Y una última amplía el repertorio de lo sensorial: no solo los cinco sentidos que conocemos, sino esos otros sentidos que nos ayudan a percibir nuestra relación con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y con el mundo.
Pero más allá de los conceptos, lo importante para mí fueron las invitaciones a estar presente — primero desde mi cuerpo con cierto grado de conciencia corporal, después reconociendo mi relación con el ambiente, y la relación del ambiente consigo mismo.
Hay una idea que Barbara y Jeanie repiten y que me sigue trabajando por dentro: la vida engendra vida. La vida no se ocupa de la muerte; se ocupa de generar las condiciones para sostenerse. Trasladado al trabajo terapéutico: no nos enfocamos en el trauma — facilitamos que la atención vaya hacia lo que sostiene la vida. Nuevamente, desde la presencia en mi cuerpo, desde la conciencia de mi estar en el mundo y de cómo ese mundo sostiene las condiciones para la vida, es como pude construir seguridad para ir al encuentro — primero con el ambiente natural, después con mis compañeras de curso y finalmente con los caballos que nos acompañaron.
Lo que los caballos me reflejaron
Lo primero que pude ver fue mi prisa: una prisa por cumplir con la tarea y dar paso a que alguien más practicara, que me hacía perder de vista el vínculo con los caballos. Recibí una invitación sencilla — quedarme un poco más de tiempo y agradecer antes de cerrar el espacio relacional en cada ejercicio. Quedarme. Agradecer. Cerrar.
Lo segundo fue cómo me sostengo con el cuerpo para ejecutar una tarea: un sostén desde la fuerza rígida que, me reflejaron, a veces me impedía transmitir mi intención a los caballos y entorpecía los procesos. Conforme me fui soltando y suavizando, fui viendo que podía haber fuerza sin rigidez. Y después de trabajar con esas dos líneas — la prisa y la rigidez — llegó algo que no esperaba: el gozo, el placer y el juego. El juego como parte legítima de la exploración.
Tuve también la oportunidad de que Barbara trabajara uno a uno conmigo y de conocer su aproximación al toque somático — somatic touch, en la línea de Kathy Kain. Me regresó a las tareas básicas del cuerpo: sentir mi arraigo y mi presencia en las piernas y los pies, especialmente a través de la respiración diafragmática — trabajando con el diafragma abdominal, el diafragma pélvico y los diafragmas de los pies, conceptos que había conocido al estudiar la introducción a la terapia craneosacral en el Instituto Upledger y en los que ahora pude profundizar con apoyo del toque y la respiración. En palabras de Barbara: decirle hola a las partes del cuerpo que se hacen presentes, y hola a las que no se hacen presentes. Fue un proceso muy redondo — empezar por el cuerpo, salir al mundo y regresar a mí, en un ciclo recurrente.
Lo que puede suceder en el silencio
Si tuviera que decir qué fue lo más valioso que me dejó el taller, sería esto: el placer de experimentar todo lo que puede suceder en un silencio — en contención, en presencia y en conexión. Para eso hay muy pocas palabras, y también hay muchos caminos. Pero trabajando con estos grandes mamíferos, y con la facilitación de estas maestras, fue un proceso que me permitió contactar amorosamente con lo profundo, con lo interno.
Reconozco esta experiencia como una extensión natural de la Experiencia Somática que integro en consulta, y del mapa que ofrece la Teoría Polivagal: la co-regulación no es exclusiva de los humanos — un sistema nervioso puede encontrar seguridad en la presencia de otro, aunque ese otro tenga cuatro patas y hable desde la coherencia, usando palabras como la atención, la cercanía, la presencia y el movimiento.
Quiero subrayar y agradecer el trabajo de los maestros Viviana Valdés Tejada y Andrés Hijuelos por generar las condiciones para que este taller pudiera impartirse en México. Y a Barbara, a Jeanie y London, Patol, Emilio, Jacinto, Milho, Miranda, Juanito, y el resto de los caballos y animales de Las Pawlonias — por recordarme que el vínculo se construye despacio, se agradece antes de cerrarse, y se sostiene mejor sin rigidez.
El trabajo de EASE en Equinimity, Tucson. (Fuente: YouTube).
